
"...-¡Sigue danzando! -le ordenó-. Danza con tus zapatos rojos, que has amado por encima de todas la cosas; danza hasta que tus huesos te atraviesen la piel arrugada y marchita y te hayas convertido en un esqueleto ambulante. Danza a través del mundo. Cuando pases cerca de una morada donde vivan niños vanos y pagados de sí mismos, llama a la puerta para que te vean y cobren miedo. ¡Sigue danzando!..."

-Más que gentil eres hermosa.
Los zapatitos rojos
Hans Christian Andersen
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